Relaciones · Poder personal

¿Y tú qué decidiste?: por qué señalar todo lo que hizo mal el otro te está dejando sin poder

Por Ricardo De Castro King, Psicólogo Clínico · Tarjeta Profesional 106127

Es la historia que más cuentas. La de todo lo que te hizo: cómo te abandonó, cómo te mintió, cómo se fue sin explicar, cómo te dejó en el peor momento. Y la rabia es real — nadie te puede quitar el derecho de sentir lo que sentiste. Pero hay algo que pasa cuando toda tu energía narrativa se va hacia lo que hizo el otro: pierdes de vista lo único que sí puedes cambiar, que son tus propias decisiones.

Movimiento 1 — La pregunta que devuelve el poder

El terapeuta no te dice "basta de quejarte". Hace algo más sutil: devuelve la pregunta al terreno propio. "¿Y tú qué hiciste? ¿Qué decidiste?". No para culparte de lo que te hicieron — para mostrar que cada vez que pones toda tu energía narrando lo que hizo él o ella, estás entregando el poder de decidir qué hacer ahora.

"No le eximas de la responsabilidad de haber tomado esa decisión, porque es una eximencia tuya."

Es una frase densa. Vamos despacio. "Eximir" significa liberar a alguien de su responsabilidad. Lo que Rick dice es: cuando asumes toda la responsabilidad de lo que pasó — incluso de las decisiones que tomó el otro — estás vaciando tu propio poder. Le estás quitando al otro la responsabilidad de sus actos y cargándola tú. Es una doble pérdida.

Movimiento 2 — Nombrar sin eximir

Aquí hay un ejercicio que puedes hacer ahora mismo. Escribe la frase: "lo que él/ella hizo fue X". Sin borrarla, sin minimizarla. Ahora agrega al lado: "y yo decidí Y".

Ambas cosas son verdad a la vez. Él tomó su decisión. Tú tomaste la tuya. No se cancelan. Pero al nombrar las dos, recuperas algo que perdiste cuando toda la historia era solo sobre lo que hizo el otro: la capacidad de mirar tu propia parte sin hundirte en ella.

Movimiento 3 — La diferencia que importa

Hay una línea que es importante trazar con claridad: esto habla de patrones relacionales cotidianos — quien se queda esperando, quien tolera más de lo que debería, quien no pone el límite a tiempo. No se aplica a situaciones de abuso grave o violencia. En esos casos, la responsabilidad es enteramente de quien causó el daño, y lo que se necesita es acompañamiento profesional especializado, no autoanálisis.

Pero en el terreno de las relaciones cotidianas — donde la mayoría de nosotros vivimos — la fuga de poder opera así: te enfocas en lo que hizo el otro y pierdes de vista lo que tú puedes decidir hoy.

Movimiento 4 — La devolución

Toma la última vez que contaste una situación enfocándote 100% en lo que hizo el otro. Ahora pregúntate: en esa misma situación, ¿qué decidí yo? ¿Qué elegí hacer o no hacer?

No es fácil. Duele mirar la propia parte, porque parece que estuvieras diciendo "fue mi culpa". No lo es. Estás diciendo: "también yo tomé decisiones, y esas decisiones son las únicas que puedo cambiar hoy".

Movimiento 5 — Recuperar el poder no es olvidar

Recuperar tu poder no es negar lo que pasó, ni perdonar antes de estar listo, ni minimizar el daño. Es volver a poner tu energía donde sí puedes moverte. La valoración con el método RDK es para hacer esto sin juicio — mirar la propia parte con alguien que te acompañe, sin que te hundas y sin que te saltes el paso.

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